02 Oct

El dolor es bueno

3 de octubre de 2016

El dolor es bueno

Con la aparente contradicción del título, me refiero a que el dolor es bueno cuando revela una amenaza para nuestro cuerpo. Es decir: nada que ver con dolores por enfermedad crónica o con pacientes con la sensibilidad al dolor alterada (umbrales demasiado bajos o demasiado altos) ; un umbral de tolerancia demasiado alto puede ocultar los síntomas de alguna enfermedad. En este artículo hablaremos de dolores que tienen que ver con tensiones musculares, irritaciones neurales, etc. En estos casos, sí, el dolor es bueno.

Cuando los pacientes acuden a mi consulta con algún dolor, me suelen preguntar qué les pasa, cuál es el motivo de su dolor. Yo suelo darle la vuelta a la situación y preguntarles qué es lo que están haciendo ellos para que su cuerpo les esté llamando la atención.

El dolor puede tener un componente físico o bien emocional:

FÍSICO

Tenemos hábitos posturales erróneos como ver la televisión de medio lado, trabajar al ordenador con el cuello mal colocado, las siestas en el sofá con una mala postura, los movimientos repetitivos en casa o en el trabajo al cargar pesos, o dormir con un colchón o almohada inadecuados. Una mala higiene postural puede ser el principio de una lesión.

EMOCIONAL

El dolor, además, puede tener un componente emocional. Debemos también preguntarnos si hay alguna situación que nos altere (ansiedad, depresión, estrés, etc.) Estos estados emocionales afectan a nuestro cuerpo de dos maneras:

  1. Nuestro estado de ánimo condiciona nuestra postura: Todos podemos distinguir si alguien camina por la calle de forma relajada o con estrés. También durante el sueño, en épocas de estrés existe una continua presión en la mandíbula (el famoso bruxismo), que genera problemas en esta articulación y posibles tensiones cervicales.
  2. Diferentes estados de ánimo generan diferentes hormonas: En estados de ánimo positivos generamos oxitocina y dopamina (ejemplo: el enamoramiento). Y segregamos endorfina cuando hacemos ejercicio físico (conocida también como la hormona de la felicidad). En cambio, en estados de ánimo negativos, generamos cortisol (la hormona del estrés), que contribuye a que la continua regeneración de nuestras células sea menos sana. El sistema inmunitario se debilita y nos hace más vulnerables a ciertas dolencias.

Cuando los pacientes acuden a Mares, evidentemente, sabemos cómo tratar el dolor. Aplicamos técnicas manuales como la terapia miofascial y neurodinámica con muy buenos resultados. Y aquí está la clave: atajar los síntomas cuando todavía son tratables. Si dejamos que las contracturas, dolores, etc. se acumulen y vayan aumentando, caeremos en un círculo vicioso en el que el propio dolor hará que nos contracturemos aún más. Incluso podemos sufrir un efecto “cremallera” por el que se crean tensiones en zonas cercanas.

Como os decía más arriba, es fundamental aprender a escuchar nuestro cuerpo. Sí, escuchar a nuestro cuerpo que nos habla, nos avisa, nos llama la atención con molestias ocasionales, nos dice que hay algo que no estamos haciendo del todo bien. Es importante descubrir cuál es el mensaje que nos está entregando el dolor y tratarlo para evitar recaídas.

Marta Escobar.